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Antropología
cultural
Bajo el título Sociología y antropología se
recoge un conjunto de estudios realizados por el antropólogo
francés Marcel Mauss sobre temas que hoy forman parte de
la denominada antropología cultural o etnología. Extraemos
un fragmento de su larga introducción, "Introducción
a la obra de Marcel Mauss", escrita por su colega francés
Claude Lévi-Strauss, en la que subraya la importancia de
analizar y comparar la organización social de las diferentes
culturas y del papel que juega la interrelación entre el
individuo y el grupo social a la hora de estudiar cualquier tipo
de sociedad.
Fragmento de Sociología y antropología.
De Marcel Mauss.
Introducción, de Claude Lévi-Strauss.
Y
es que por primera vez en la historia del pensamiento etnológico
se lleva a cabo un esfuerzo por superar las observaciones empíricas
y llegar a realidades más profundas. Por primera vez lo social
sale de la esfera de la cualidad pura: anécdota, curiosidad,
materia de descripción moralizante o de comparación
erudita, y se transforma en un sistema, entre cuyas partes pueden
descubrirse conexiones, equivalencias y solidaridades. Se comparan,
en primer lugar, los resultados de la actividad social, bien sea
técnica, económica, ritual, estética o religiosa
-como son los instrumentos, productos manufacturados, productos
alimenticios, fórmulas mágicas, ornamentos, cantos,
danzas y mitos-, comparación que es posible por el carácter
común que todos poseen de ser transferibles, de acuerdo con
modalidades que pueden ser objeto de análisis y clasificación
y que incluso cuando parece que no pueden separarse de determinados
tipos de valores, sí pueden reducirse a formas más
fundamentales, más generales. No sólo son comparables,
sino con frecuencia sustituibles, en la medida en que valores diferentes
pueden ser reemplazados unos por otros dentro de la misma operación,
y, sobre todo, son las mismas operaciones, por diversas que puedan
parecer, a través de los acontecimientos de la vida social:
nacimiento, iniciación, matrimonio, contrato, muerte o sucesión,
y por arbitrarias que parezcan, debido al nombre y distribución
de los individuos que ponen en causa, como son los recipiendarios,
intermediarios o donatarios, lo que permite siempre la reducción
de operaciones, grupos o personas a un número más
pequeño, donde, a fin de cuentas, sólo se encuentran
los fundamentos de un equilibrio concebido y realizado de forma
diferente, según cual sea el tipo de sociedad objeto de consideración.
De este modo los tipos pueden ser definidos por sus caracteres intrínsecos
y se pueden comparar entre sí, ya que sus caracteres no se
califican cualitativamente, sino por el nombre y ordenación
de sus elementos, que a su vez son constantes en todos ellos. Tomemos
un ejemplo de un sabio que quizá mejor que ningún
otro ha sabido comprender y explotar las posibilidades que este
método abre: las interminables series de fiestas y regalos
que acompañan el matrimonio en Polinesia, poniendo en relación
decenas e incluso cientos de personas, que parecen desafiar la descripción
empírica, pueden, sin embargo, canalizarse en treinta o treinta
y cinco prestaciones que se llevan a cabo a través de cinco
líneas, líneas que están entre sí en
una relación constante y que pueden descomponerse en cuatro
ciclos de reciprocidad entre las líneas A y B, A y C y A
y E; la totalidad compone un determinado tipo de estructura social,
en que, por ejemplo, los ciclos entre B y C o entre E y B o D, o
incluso entre E y C, están excluidos, siendo así que
cualquier otra forma de sociedad los colocaría en lugar predominante.
Este método es tan riguroso que si se produjera un error
en las ecuaciones así obtenidas es probable que hubiera que
imputarlo más a una laguna en el conocimiento de las instituciones
indígenas que a un defecto del cálculo. Así,
en el ejemplo que acabamos de citar se constata que el ciclo entre
A y B comienza con una prestación sin contrapartida, lo cual
nos induciría inmediatamente, si no se conociera, a buscar
la presencia de una acción unilateral, anterior a las ceremonias
matrimoniales, aunque en relación directa con ellas, pues
tal es el papel que dentro de esta sociedad en cuestión juega
la abducción de la prometida, cuya primera prestación
representa, según la terminología indígena,
"la compensación". Este hecho se hubiera podido
deducir de no haber sido observado.
Podemos fácilmente darnos cuenta que esta técnica
operatoria es muy semejante a la que Troubetzkoy y Jakobson describían
mientras Mauss escribía su Essai, lo cual iba a permitirles
crear la lingüística estructural. El problema radica
aquí también en distinguir un dato puramente fenomenológico,
del cual no se ocupa el análisis científico, de una
infraestructura más simple y a la cual debe su ser. Gracias
a las nociones de "variantes facultativas", "variantes
combinatorias", "términos de grupo" y a la
de aneutralización", el análisis fonológico
iba a permitir definir un lenguaje por medio de un pequeño
número de relaciones constantes en las cuales la diversidad
y complejidad aparente de su sistema fonético no hacen sino
ilustrar la posible gama de combinaciones autorizadas.
Del mismo modo que la fonología para la lingüística,
el Essai sur le don inaugura una nueva era para las ciencias sociales.
La importancia de este doble acontecimiento (que desgraciadamente
Mauss dejó en esquema) puede perfectamente compararse con
la importancia del descubrimiento del análisis combinatorio
para la matemática moderna. El que Mauss no se dedicara al
desarrollo de este descubrimiento, incitando inconscientemente con
ello a Malinowski (de quien hay que reconocer, sin que ello le perjudique,
que fue mejor observador que teórico) a lanzarse solo a la
elaboración del sistema correspondiente sobre la base de
los hechos y conclusiones análogos a que ambos habían
llegado, por caminos independientes, es uno de los grandes males
de la etnología contemporánea.
Es difícil hoy llegar a saber en qué sentido hubiera
desarrollado Mauss su doctrina, si lo hubiera hecho. El principal
interés de una de sus obras tardías, la Notion de
Personne, publicado también en este volumen, radica menos
en su argumentación, considerada a veces cursiva e incluso
negligente, que en la tendencia actualizada hoy de aplicar al orden
diacrónico una técnica de permutaciones que el Essai
sur le don concebía más en función de los fenómenos
sincrónicos. En cualquier caso, probablemente Mauss habría
encontrado ciertas dificultades en completar la elaboración
del sistema (más adelante veremos por qué), pero nunca,
sin embargo, le habría dado la regresiva forma que recibió
de Malinowski, para quien la noción de función, concebida
por Mauss al estilo del álgebra, es decir, implicando que
los valores sociales se pueden conocer unos en función de
otros, toma el camino de un simple empirismo cuyo objeto es únicamente
el de señalar los servicios prácticos prestados a
la sociedad por sus costumbres e instituciones. Cuando Mauss consideraba
la relación constante entre los fenómenos, relación
donde reside su explicación, Malinowski se pregunta únicamente
para qué sirven, con el fin de hallarles una justificación.
La posición adoptada ante este problema deshizo los anteriores
avances, al dar entrada a una serie de postulados que carecían
de valor científico.
El fundamento de que la posición adoptada por Mauss ante
el problema es la única acertada ha quedado atestiguado por
los más recientes desarrollos de las ciencias sociales que
permiten confiar en una matematización progresiva. En determinados
campos fundamentales, como es el del parentesco, el de la analogía
con el lenguaje, tan repetidamente mantenido por Mauss, ha permitido
descubrir las reglas concretas que permiten la creación dentro
de cualquier tipo de sociedad de ciclos de reciprocidad cuyas leyes
de funcionamiento sean ya conocidas, permitiendo así el empleo
del razonamiento deductivo en un campo que parecía sujeto
a la arbitrariedad más absoluta.
Por otra parte, al asociarse cada vez más estrechamente con
la lingüística, con el fin de crear algún día
con ella una amplia ciencia de la comunicación, la antropología
social espera beneficiarse de las inmensas perspectivas abiertas
a la lingüística, al aplicar el razonamiento matemático
al estudio de los fenómenos de la comunicación.
A partir de ese momento sabemos que un gran número de problemas
etnológicos y sociológicos, ya sea en el terreno de
la morfología, en el del arte o en el de la religión,
sólo esperan la buena voluntad de los matemáticos
que en colaboración con los etnólogos podrán
conseguir un progreso decisivo, si no todavía en el camino
de la solución, sí, al menos, en el de una unificación
previa, que es condición para su solución.
Fuente:
Mauss, Marcel. Sociología y antropología. Colección
de Ciencias Sociales. Madrid. Editorial Tecnos, 1991.
Lic. Nelson
Aboy Domingo
Presidente del Comité Científico Asesor de la Casa
de Africa
La Habana - Cuba
naboy@infomed.sld.cu
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