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Definición de Antropología
INTRODUCCIÓN
Antropología, estudio de los seres humanos desde una perspectiva
biológica, social y humanista. La antropología se divide
en dos grandes campos: la antropología física, que trata
de la evolución biológica y la adaptación fisiológica
de los seres humanos, y la antropología social o cultural, que
se ocupa de las formas en que las personas viven en sociedad, es decir,
las formas de evolución de su lengua, cultura y costumbres.
La antropología es fundamentalmente multicultural. Los primeros
estudios antropológicos analizaban pueblos y culturas no occidentales,
pero su labor actual se centra, en gran medida, en las modernas culturas
occidentales (las aglomeraciones urbanas y la sociedad industrial). Los
antropólogos consideran primordial realizar trabajos de campo y
dan especial importancia a las experiencias de primera mano, participando
en las actividades, costumbres y tradiciones de la sociedad a estudiar.
HISTORIA
Desde tiempos remotos, viajeros, historiadores y eruditos han estudiado
y escrito sobre culturas de pueblos lejanos. El historiador griego Herodoto
describió las culturas de varios pueblos del espacio geográfico
conocido en su tiempo; interrogó a los informantes clave, observó
y analizó sus formas de vida -al igual que los antropólogos
modernos-, e informó sobre las diferencias existentes entre ellas,
en aspectos tan importantes como la organización familiar y las
prácticas religiosas. Mucho más tarde, el historiador romano
Tácito, en su libro Germania (hacia el 98 d.C.), reseñó
el carácter, las costumbres y la distribución geográfica
de los pueblos germánicos.
En el siglo XIII, el aventurero italiano Marco Polo viajó a través
de China y otras zonas de Asia, aportando con sus escritos una información
muy amplia sobre los pueblos y costumbres del Lejano Oriente.
Durante el siglo XV se exploraron nuevos campos de conocimiento debido
al descubrimiento por los exploradores europeos de los diferentes pueblos
y culturas del Nuevo Mundo, África, el sur de Asia y los Mares
del Sur, que dio como resultado la introducción de ideas revolucionarias
acerca de la historia cultural y biológica de la humanidad.
A lo largo del siglo XVIII, los estudiosos de la Ilustración francesa,
como Anne Robert Jacques Turgot y Jean Antoine Condorcet, comenzaron a
elaborar teorías sobre la evolución y el desarrollo de la
civilización humana desde sus albores. Estos planteamientos antropológicos
y filosóficos chocaban con el relato bíblico de la creación
y con los dogmas teológicos que afirmaban que determinadas culturas
y pueblos no occidentales habían caído en desgracia divina
y, por ello, habían degenerado hacia una situación denominada
peyorativamente 'primitiva'.
El hallazgo de un fósil en Neandertal (Alemania) en 1856 y los
restos del hombre de Java (Homo erectus) en la década de 1890,
proporcionaron pruebas irrefutables del larguísimo proceso de evolución
del hombre. En la abadía Boucher de Perthes (véase Jacques
Boucher), en las proximidades de París, se descubrieron también
diversos utensilios de piedra que corroboraron que el proceso evolutivo
de la prehistoria humana tal vez se remontara a cientos de miles de años
atrás. Desde un principio, la arqueología se convirtió
en una compañera inseparable de la emergente disciplina antropológica.
La antropología surgió como campo diferenciado de estudio
a mediados del siglo pasado. En Estados Unidos, el fundador de dicha disciplina
fue Lewis Henry Morgan, quien investigó en profundidad la organización
social de la confederación iroquesa. Morgan elaboró en su
estudio La sociedad primitiva (1877) una teoría general de la evolución
cultural como progresión gradual desde el estado salvaje hasta
la barbarie (caracterizada por la simple domesticación de animales
y plantas) y la civilización (iniciada con la invención
del abecedario). En Europa, su fundador fue el erudito británico
Edward Burnett Tylor, quien construyó una teoría sobre la
evolución del hombre que prestaba especial atención a los
orígenes de la religión. Tylor, Morgan y sus contemporáneos
resaltaron la racionalidad de las culturas humanas y argumentaron que
en todas las civilizaciones la cultura humana evoluciona hacia formas
más complejas y desarrolladas.
A mediados del siglo XIX se crearon, además, importantes fundaciones
de arqueología científica, sobre todo a cargo de arqueólogos
daneses del Museo Nacional de Antigüedades, Septentrionales en Copenhague.
A partir de unas excavaciones sistemáticas llegaron a descubrir
la evolución de los utensilios y herramientas durante la edad de
piedra, la edad del bronce y la edad del hierro. El fundador de la escuela
funcionalista de antropología, Bronislaw Malinowski, afirmaba que
las organizaciones humanas debían ser examinadas en el contexto
de su cultura y fue uno de los primeros antropólogos en convivir
con los pueblos objeto de su estudio, los habitantes de las islas Trobriand,
cuya lengua y costumbres aprendió para comprender la totalidad
de su cultura.
La antropología aplicada nació en el siglo XIX con organizaciones
como la Sociedad Protectora de los Aborígenes (1837) y la Sociedad
Etnológica de París (1838). Estas instituciones se preocuparon
por despertar en Europa una conciencia contraria al tráfico de
esclavos y a la matanza de pueblos indígenas americanos y australianos.
Antropología Física
La antropología física se ocupa principalmente de la evolución
del hombre, la biología humana y el estudio de otros primates,
aplicando métodos de trabajo utilizados en las ciencias naturales.
Evolución del hombre. Una de las ramas de la antropología
física tiene como objetivo reconstruir la línea evolutiva
del hombre. En la década de 1960 los paleoantropólogos Louis
Seymour Bazett Leakey, su esposa Mary Douglas Leakey y su hijo Richard
Erskine Leakey encontraron una serie de fósiles en la garganta
de Olduvai, África oriental, que desencadenó una revisión
profunda de la evolución biológica de los seres humanos.
Los restos fósiles desenterrados a finales de 1970 y 1980 proporcionaron
después pruebas adicionales, en el sentido de que el género
Homo coexistió en África oriental con otras formas evolucionadas
de hombre-simio conocidas como australopitecinos hace más de 4
millones de años. Estos dos homínidos son al parecer descendientes
de un fósil etíope, el Australopithecus afarensis, que tiene
una antigüedad datada entre 3 y 3,7 millones de años -la famosa
Lucy, descubierta en 1974, es uno de los fósiles
encontrados. Estos antiguos antecesores del hombre tenían las piernas
y el cuerpo adaptados para caminar erguidos (véase Bipedación),
lo cual dejaba sus manos libres para manipular diversos utensilios. Más
tarde, investigadores de la Universidad de California descubrieron numerosos
fósiles en la garganta de Olduvai, lo que reforzó aún
más la tesis de la irregularidad del proceso de evolución
humana. Este nuevo fósil tenía aproximadamente 1,8 millones
de años de antigüedad, presentaba huesos de los brazos y las
piernas que confirmaban una locomoción vertical relativamente evolucionada,
pero su capacidad craneana reducida y marcadas diferencias de estatura
entre hombres y mujeres no diferían demasiado de Lucy.
Algunos utensilios de piedra sin tallar, hallados con ciertos fósiles
de Homo en yacimientos del este de África, demuestran que hace
casi 3 millones de años ya eran capaces de fabricar herramientas.
Esta habilidad técnica contribuyó al aparente éxito
evolutivo del Homo habilis. En comparación con los australopitecinos
vegetarianos, los antecesores modernos de los seres humanos, tipo Homo
habilis, parecen haber evolucionado al incorporar la carne como parte
esencial de su dieta alimenticia, a juzgar por la disposición de
los dientes y la utilización de ciertas herramientas.
A medida que han ido aumentando los descubrimientos de fósiles
homínidos, al parecer fue en África, y no en Asia, donde
se produjo la primera hominización. Los fósiles de Homo
habilis apuntan hacia una criatura de unos 91 cm de estatura, con una
capacidad craneana de unos 600 cm3. Sin embargo, se han hallado en África
oriental restos de una especie mayor de Homo con capacidad craneana superior
a los 800 cm3, de unos 1,5 millones de años de antigüedad.
Este protohumano mayor, denominado generalmente Homo erectus, se extendió
desde África hacia Europa y Asia hace aproximadamente un millón
de años, y desarrolló una gama más completa de herramientas.
Los restos más conocidos del Homo erectus son el célebre
hombre de Java, que antes se conocía técnicamente como Pithecanthropus,
así como el igualmente famoso hombre de Pekín, una colección
de componentes de esqueletos hallados en Zhoukoudian, cerca de Pekín
(China), y que en principio recibió el nombre de Sinanthropus pekinensis.
Ambos son mucho más recientes que los yacimientos que conforman
el Homo habilis de África oriental, y se remontan a 750.000 y 300.000
años. Los fósiles del hombre de Pekín son especialmente
interesantes, ya que el tamaño del cerebro es incluso mayor que
el de Java, con un promedio superior a los 1.050 cm3, y cuyo cráneo
y otros elementos óseos son ligeramente más modernos. También
se han hallado fósiles de Homo erectus en Europa y en África
junto a numerosos utensilios de piedra y otras herramientas, que prueban
la existencia de una sociedad de cazadores-recolectores muy básica.
En Zhoukoudian, los arqueólogos se encontraron con el testimonio
más antiguo del uso del fuego por el hombre, así como algunos
indicios de canibalismo.
Hay antropólogos que consideran como antepasados directos del hombre
a los ejemplares de Neandertal y a las docenas de fósiles emparentados;
otros opinan que sólo son una ramificación del Homo sapiens
que se extinguió hace decenas de miles de años. Se calcula
que hace entre 100.000 y 35.000 años, los hombres de Neandertal
ya eran una población de cazadores-recolectores extendida por gran
parte de Europa y de Oriente Próximo; de constitución robusta
y cejas espesas, con capacidad craneana de unos 1.500 cm3, mayor que la
de gran parte de los Homo sapiens sapiens, especie a la que pertenecemos
los seres humanos modernos. Se han encontrado fósiles que algunos
consideran intermedios entre los de Neandertal y el Homo sapiens sapiens.
Estos restos podrían ser la prueba del cruce de los Neandertal
con los antepasados directos del hombre, o simplemente reflejan una multitud
de variantes dentro de la misma población de Homo sapiens (las
tesis más modernas se inclinan hacia el primer supuesto). Desde
las últimas fases de los periodos glaciales, en Europa, África
y otros muchos lugares se han sucedido los hallazgos de un sinfín
de restos fósiles que se asemejan al hombre moderno.
En el continente americano, sin embargo, ningún rastro humano tiene
más de 15.000 años, y los únicos ejemplares óseos
que cuentan algunos miles de años pertenecen todos al Homo sapiens
sapiens. Por tanto, parece que la evolución biológica que
derivó en el hombre moderno tuvo lugar en el Viejo Mundo.
Biología humana. Otra de las ramas importantes de la antropología
física la constituye el estudio de los pueblos contemporáneos
y de sus diferentes rasgos biológicos. Gran parte de los estudios
y discusiones de antaño se centraron en la identificación,
número y características de las razas principales. A medida
que se fueron desarrollando técnicas más perfectas para
medir el color de la piel y los ojos, la textura del cabello, el tipo
sanguíneo, la capacidad craneana y demás variables, la clasificación
de las razas se hizo más compleja. Los teóricos modernos
mantienen que cualquier idea sobre las denominadas 'razas puras' o arquetipos
ancestrales es engañosa y errónea. Todos los seres humanos
actuales son Homo sapiens sapiens y descienden de los mismos orígenes
universales y complejos. Los rasgos genéticos siempre han variado
con la geografía según la respuesta biológica de
su adaptación al entorno, pero en cada región la herencia
genética produce una gama de variedades tipo y combinaciones intermedias.
Por tanto, la asimilación de las personas a categorías según
posibles razas es más un planteamiento social y político
que biológico. Los calificativos 'asiático', 'negro', 'hispano'
o 'blanco' obedecen a definiciones sociales que conllevan una gran mezcla
de características genéticas y culturales.
Después de que los antropólogos biológicos centraran
su atención en los complejos patrones de la genética humana,
estudiaron la interacción de las adaptaciones genéticas
y las adaptaciones (no genéticas) fisiológicas y culturales,
en relación con la enfermedad, la desnutrición y la presión
del entorno, así como las grandes altitudes y los climas calurosos.
Los médicos y antropólogos especialistas en nutrición
combinan los enfoques biológicos y genéticos con datos culturales
y sociales, ya sea para estudiar enfermedades como la hipertensión
y la diabetes o para investigar el crecimiento y el desarrollo en diferentes
condiciones de alimentación y salud.
El médico estadounidense, galardonado con el Premio Nobel, Daniel
Carleton Gajdusek, adquirió especial renombre por su descubrimiento
de que el kuru ('temblores'), enfermedad debilitante que sólo existe
entre pueblos aislados de las montañas de Nueva Guinea, estaba
causada por un agente infeccioso lento denominado prión (que consiguió
aislar e identificar) transmitido a través de la antropofagia (véase
Canibalismo). Algunos antropólogos biológicos han detectado
los esquemas genéticos de otras enfermedades, como la anemia de
células falciformes, talasemia y diabetes.
Estudio de los primates. Debido a que los seres humanos son primates
emparentados genéticamente con otros simios y monos el estudio
de la conducta, la dinámica de la población, los hábitos
alimenticios y otras cualidades de los mandriles, chimpancés, gorilas
y primates análogos, constituye una dimensión comparativa
esencial de la antropología. La etóloga británica
Jane Goodall y sus colegas dedicaron años a la observación
de los chimpancés en una reserva del lago Tanganica (Tanzania)
y descubrieron que estos animales son capaces de usar útiles simples
-sobre todo, pequeños palos para conseguir termitas y hormigas-
y lanzar de forma eficaz piedras; en uno de los experimentos se observó
a los chimpancés usando palos gruesos para apalear a un leopardo
disecado. Además se comunican entre sí tanto vocal como
físicamente. Estudios realizados acerca de los esquemas de comunicación
y de la vida en grupo de los simios y los monos, facilitan la comprensión
del pasado remoto del hombre.
Antropología Social y Cultural
Gran parte de la investigación antropológica se basa en
trabajos de campo llevados a cabo con diferentes culturas. Entre 1900
y 1950, aproximadamente, estos estudios estaban orientados a registrar
cada uno de los diferentes estilos de vida antes de que determinadas culturas
no occidentales experimentaran la influencia de los procesos de modernización
y occidentalización. Los trabajos de campo que describen la producción
de alimentos, la organización social, la religión, la vestimenta,
la cultura material, el lenguaje y demás aspectos de las diversas
culturas, engloban lo que hoy se conoce por etnografía. El análisis
comparativo de estas descripciones etnográficas, que persigue generalizaciones
más amplias de los esquemas culturales, las dinámicas y
los principios universales, es el objeto de estudio de la etnología.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la etnología (que hoy se
suele conocer como antropología cultural) comenzó a relacionar
su campo de estudio con el de la antropología social, desarrollada
por los científicos británicos y franceses. En un breve
periodo se debatió intensamente si la antropología debía
ocuparse del estudio de los sistemas sociales o del análisis comparativo
de las culturas. Sin embargo, pronto se llegó a la conclusión
de que la investigación de las formas de vida y de las culturas
casi siempre están relacionadas, de donde procede el nombre actual
de antropología sociocultural.
Parentesco y organización social. Uno de los descubrimientos
importantes de la antropología del siglo XIX ha sido que las relaciones
de parentesco constituyen el núcleo principal de la organización
social en todas las sociedades. En muchas de ellas, los grupos sociales
más importantes comprenden clanes y linajes. Cuando la pertenencia
a dichas corporaciones de parentesco se asigna a las personas sólo
por la línea masculina, el sistema se denomina de descendencia
patrilineal (véase Patrilinaje). Antes del desarrollo del comercio
y de la urbanización a gran escala, muchos pueblos europeos estaban
organizados desde el punto de vista económico y político
como grupos de filiación patrilineal.
Las sociedades matrilineales, en las que el parentesco se transmite por
línea femenina (véase Matrilinaje), son menos comunes hoy
día. Herodoto fue el primer erudito en describir este tipo de sistema
social, que detectó entre los habitantes de Licia, en Asia Menor.
La organización de parentesco bilateral, en la que se tiene en
cuenta la parte materna y la paterna, es la que predomina en las sociedades
más sencillas de cazadores-recolectores (tales como los pueblos
san en el sur de África o los inuit de las regiones ártica
y subártica). El antropólogo británico Robert Stephen
Briffault defendió un concepto relacionado, el matriarcado, y afirmó
que este tipo de organización social se encontraba latente en gran
parte de las sociedades más primarias.
En las sociedades basadas en el parentesco, los miembros de un linaje,
clan o demás grupos afines suelen ser descendientes de un antepasado
común. Este concepto es un factor unificador, pues dota a grandes
masas de individuos de cierta cohesión para afrontar actividades
guerreras o rituales, lo que les hace sentirse diferentes de sus vecinos
y enemigos. Por ejemplo, entre las hordas centroasiáticas que durante
siglos atacaron a las sociedades europeas, o entre los aztecas o mexicas
del continente americano, la compleja organización militar se sustentaba
en el parentesco patrilineal.
La evolución de los sistemas político-sociales. Las
sociedades humanas que, en principio, se consideraron más simples
son los grupos de cazadores-recolectores, como los inuit, san, pigmeos
y aborígenes australianos. En estos pueblos se agrupa un pequeño
número de familias para formar bandas o grupos nómadas de
30 a 100 individuos, relacionados por parentesco y asociados a un territorio
concreto.
Los grupos supervivientes de cazadores-recolectores (en zonas de África,
India y Filipinas) nos permiten conocer el estado de la organización
social y cultural de casi toda la experiencia histórica de la humanidad.
Sus relaciones de parentesco, ideas religiosas, métodos sanitarios
y características culturales no sólo ilustran las raíces
culturales de la humanidad moderna, sino que se nos presentan a escala
reducida y resultan más fáciles de analizar. Las culturas
de cazadores-recolectores que aún perduran ponen de manifiesto
las adaptaciones que son necesarias para sobrevivir en entornos hostiles
e inhóspitos.
Los sistemas sociales y económicos de mayor complejidad no surgieron
hasta que no se presentaron las condiciones favorables que permitieron
a las primeras sociedades asentarse en comunidades estables y permanentes
durante todo el año. Se produjo entonces el avance crucial hacia
la agricultura y la cría de animales.
La transición neolítica -es decir, los inicios de la aclimatación
de los recursos alimenticios- se produjo de forma independiente en el
Oriente Próximo y en Asia oriental hace unos 12.000 años,
según las pruebas arqueológicas más recientes. Con
las grandes concentraciones de población y los asentamientos permanentes,
surgieron las organizaciones sociopolíticas que entrelazaban a
diferentes grupos locales. Los nuevos sistemas locales, que a menudo comprendían
grupos de individuos procedentes de comunidades aisladas, estaban unidos
en la celebración de ceremonias religiosas, en el intercambio de
alimentos y en los rasgos culturales.
Aunque los grupos más pequeños carecían, en muchos
casos, de un gobierno central, el aumento de la población y de
las fuentes de alimentos crearon la necesidad, y la viabilidad, de la
centralización política. Las jefaturas representan los sistemas
sociales a pequeña escala, en los que los alimentos y el acatamiento
político confluyen en un dirigente central, o jefe, que a su vez
redistribuye los alimentos y es respetado por los miembros de la comunidad.
El auge de las naciones-estado. Los orígenes de las naciones-estado
han sido objeto de grandes controversias. En el antiguo Oriente Próximo,
por ejemplo, las primeras ciudades-estado aparecieron cuando el aumento
de la población provocó una mayor demanda de alimentos,
facilitada por el desarrollo de cultivos de regadío para atenderla.
Esto motivó la expansión de sistemas militares que protegieran
dichos recursos. En otros casos, la ubicación en rutas comerciales
estratégicas -por ejemplo, Tombuctú en la ruta sahariana
del comercio de la sal- favoreció la centralización militar
y administrativa.
Los estudios etnológicos y arqueológicos apoyan la tesis
de que los estados o reinos nacieron de forma ligeramente distinta en
situaciones históricas y ecológicas diferentes; sin embargo,
presentan en casi todas partes los mismos esquemas de desarrollo. En sus
primeros momentos de existencia, los estados manifiestan una tendencia
universal a anexionar las regiones vecinas, para explotarlas económicamente
y someter a sus enemigos potenciales. En las primeras civilizaciones urbanas
-en el Oriente Próximo, Egipto, el norte de India, el sureste de
Asia, China, México y Perú- aparecieron pronto las fortificaciones
militares, por lo general acompañadas de templos y rituales religiosos
que manifestaban el auge y mayor poder del sacerdocio. Sin embargo, la
estratificación social, con una reducida minoría militar-religiosa
y una gran población subordinada de campesinos, fue consecuencia
inevitable.
Desarrollo de los sistemas religiosos. Los sistemas religiosos
de las sociedades cazadoras-recolectoras pueden ser muy complejos en relación
con el mundo sobrenatural, las fuerzas de la naturaleza y el comportamiento
de los espíritus y los dioses. Estas sociedades pequeñas,
relativamente igualitarias, suelen carecer de los recursos necesarios
para mantener una clase sacerdotal. Sin embargo, todos los grupos humanos,
ya sean grandes o pequeños, poseen en un momento determinado de
su evolución algún tipo de especialización similar
a los chamanes o curanderos, hombres o mujeres de quienes se cree mantienen
contacto directo con los seres y fuerzas sobrenaturales, y que reciben
poderes especiales para solucionar problemas como las enfermedades. El
chamán es muchas veces la única persona con un papel religioso
especializado en este tipo de sociedades.
Por ejemplo, en las sociedades pequeñas que practican la agricultura,
los sistemas religiosos comunales implican al pueblo en prácticas
rituales complejas, y con frecuencia se produce una rotación de
las responsabilidades sacerdotales. Cuando los grupos de parentesco constituyen
los elementos principales de la solidaridad social, las ceremonias religiosas
tienen como centro la familia y el parentesco.
El auge de los sistemas sociales centralizados, con un sistema de clases
estratificado, casi siempre ha ido acompañado del desarrollo de
los sistemas religiosos que implicaban la existencia de sacerdotes dedicados
únicamente a las funciones religiosas, rituales para toda la población
y una mayor tendencia a legislar tanto en el plano moral como político.
Estos sistemas religiosos casi nunca eliminaban las prácticas del
chamanismo individualizado (sobre todo para curar las enfermedades).
Las pruebas arqueológicas de las primeras ciudades-estado corroboran
los estrechos vínculos que existían entre los dirigentes
religiosos y los dirigentes comerciales y políticos, poniendo de
relieve el aspecto conservador de la religión. Por otro lado, los
movimientos de reforma social radical han sido religiosos y en las sociedades
con niveles cambiantes de desarrollo tecnológico aparecen con regularidad
nuevas formas religiosas. Por tanto, la religión unas veces está
al servicio de la situación establecida y otras actúa como
fuerza de un cambio radical.
Evolución de la cultura. Los esquemas más bien simples
de evolucionismo cultural propuestos durante el siglo XIX han sido objeto
de discusiones elaboradas y modificadas a la luz de los nuevos datos arqueológicos
y etnológicos. Destacados antropólogos de principios del
siglo XX, como el germano-estadounidense Franz Boas y el estadounidense
Alfred Louis Kroeber, adoptaron puntos de vista bastante antievolucionistas,
ya que mantenían que los procesos culturales y sociales han sido
tan dispares en todo el mundo que es difícil discernir algún
proceso o tendencia general.
Existen dos posturas radicalmente diferentes para explicar la evolución
cultural. Los evolucionistas del siglo pasado defendían que en
las distintas sociedades se producen procesos muy similares de desarrollo
cultural debido a la unidad psíquica fundamental de toda la humanidad.
Así, los procesos paralelos hacia la estratificación social
y las minorías gobernantes se explican como efectos de las cualidades
psíquicas y mentales de los individuos. Claude Lévi-Strauss
fue un defensor tardío de este enfoque, sin hacer hincapié
en el carácter evolucionista.
La postura contraria encuentra la clave en las condiciones materiales
de vida: en las fuentes de energía, las tecnologías y los
sistemas de producción de los grupos humanos; además, resalta
las influencias ambientales en el desarrollo de los complejos sistemas
culturales, ya que se han visto favorecidos por determinadas características
geográficas y climáticas. Por ejemplo, el Oriente Próximo
prehistórico era rico en animales de caza y plantas silvestres
que resultaron especialmente aptos para su domesticación y aclimatación.
Métodos de Investigación
Los métodos de investigación en antropología son
tan variados como los distintos temas de estudio.
Investigación arqueológica. Para los arqueólogos
resulta fundamental establecer esquemas cronológicos a partir de
los restos y fósiles que descubren en sus excavaciones. Entre los
modernos métodos de datación arqueológicos, la técnica
del carbono radiactivo tal vez sea la más utilizada. Este método
se basa en que las plantas y los animales vivos contienen unas proporciones
fijas de una variedad radiactiva del carbono, denominada carbono 14, que
se va degradando a ritmo constante hasta convertirse en carbono no radiactivo.
La medición de los restos del radiocarbono en madera carbonizada,
restos de plantas, fibras de algodón, madera y otras sustancias,
permite determinar con bastante precisión edades de hasta 60.000
y 70.000 años de antigüedad.
La edad de los antiguos yacimientos fósiles en África oriental,
que datan de hace varios millones de años, se ha podido fijar con
ayuda de otra potente herramienta radiológica: el método
del potasio-argón -el potasio radiactivo, potasio 40, se degrada
con enorme lentitud para convertirse en argón 40.
Las secuencias temporales de los restos arqueológicos se determinan
todavía de forma bastante primaria mediante la observación
meticulosa de la estratigrafía, depósito secuencial de sustancias
terrestres orgánicas y de restos de la actividad humana. Estos
depósitos van creciendo poco a poco y cubren cada una de las fases
previas de cualquier asentamiento humano. Las técnicas utilizadas
para determinar las secuencias estratigráficas incluyen el análisis
del suelo, los estudios geológicos y el estudio de restos animales
y vegetales, así como la laboriosa tarea de unir restos de suelos,
fosas de almacenamiento y demás construcciones.
Investigación social y cultural. En la antropología
social y cultural, la investigación se ampara en la idea fundamental
de la observación participante dentro del seno de una comunidad
o sistema social. El antropólogo se introduce primero en la vida
de la comunidad y, a través de los contactos y las observaciones
cotidianas, es aceptado por ella. Esta primera fase de la investigación
de campo requiere semanas, incluso meses, sobre todo si hay que aprender
la lengua local. Los primeros etnógrafos obtenían los datos
a partir de entrevistas en profundidad con algunos informantes clave,
personas expertas en la cultura y en el sistema social local. Estos datos
se verificaban y cruzaban con los de otros informantes y con las observaciones
directas del propio trabajador de campo.
Sin embargo, la investigación de las distintas sociedades y pueblos
exige hoy otras herramientas metodológicas. Las entrevistas estructuradas
(con muestreo) se utilizan de forma rutinaria para la obtención
de una información; por ejemplo, el consumo de alimentos, el comportamiento
sanitario, los recursos económicos, los movimientos migratorios
laborales, el tiempo libre y otros aspectos. Para analizar la conducta
económica hay que registrar con minuciosidad las transacciones
en el mercado, las horas de trabajo, las capturas de peces y animales
de caza, así como los rendimientos de las cosechas. Cuando se tratan
de estudiar los aspectos de la personalidad se utilizan pruebas psicológicas.
También se someten a análisis los posibles datos de los
registros parroquiales, los textos locales, los informes gubernamentales
y otras fuentes escritas.
A medida que los datos son más complejos e intrincados, y se hace
necesario el tratamiento rutinario de miles o incluso cientos de miles
de fragmentos de información, los arqueólogos han recurrido
a las computadoras y equipos informáticos para dibujar las secuencias
temporales, las relaciones espaciales y demás esquemas. Las tendencias
del cambio cultural, la interacción entre las actividades económicas
y sociales, las interrelaciones étnicas y otros patrones complejos
se comprueban hoy mediante avanzados métodos estadísticos.
Estos métodos técnicos y cuantitativos en la investigación
no han sustituido a los estilos tradicionales de investigación
de campo. Al contrario, las entrevistas en profundidad a los informantes
clave, así como el complejo análisis cualitativo de los
sistemas simbólicos, las ceremonias y otras prácticas culturales,
constituyen todavía una parte esencial de la metodología
holística (doctrina epistemológica que hace hincapié
en el estudio de los elementos desde su totalidad).
Tendencias Actuales.
La antropología moderna se está convirtiendo poco a poco
en una ciencia aplicada, ya que los investigadores se están concentrando
en aspectos sociales como la sanidad, la educación, protección
del entorno y el desarrollo urbano. Hoy son muchos los antropólogos
contratados por organismos públicos, empresas de investigación,
grupos independientes de presión, organizaciones indigenistas y
agencias sanitarias para realizar trabajos de campo en entornos culturales,
ya sean proyectos educativos, sanitarios o programas de desarrollo agrícola
a gran escala en regiones rurales.
El desplazamiento hacia el estudio de sistemas heterogéneos y diversificados,
así como el auge de los métodos cuantitativos de investigación
han promovido la necesidad de la investigación en equipo. Anteriormente,
una investigación, por lo general, sólo implicaba a un trabajador
de campo que se aislaba durante meses en algún poblado remoto;
hoy, por el contrario, la mayor parte de los proyectos de campo necesitan
el apoyo de diferentes profesionales, incluidos los asesores estadísticos,
biólogos, sociólogos y estudiantes colaboradores.
Por cuestiones de metodología, los antropólogos han desarrollado
vínculos sociales con las comunidades objeto de estudio. Estas
relaciones muchas veces han pasado a ser verdaderas asociaciones que,
en la mayoría de los casos, han beneficiado a estas comunidades.
A cambio, la aplicación pragmática de estos métodos
ha abierto nuevos caminos en la teoría social y biocultural.
División
de la Antropología
Antropología
Cultural.
Se ocupa de la descrip-
ción y análisis: de las
culturas, las tradiciones
socialmente aprendidas,
del pasado y del presente.
|
Etnografía.
(se ocupa de la descripción sistemática de las culturas
contemporáneas)
Antropología Aplicada.
(estudia y hace proposiciones para resolver problemas prácticos
y evaluar sus resultados)
Antropología médica.
(estudia los factores biológicos y culturales en la salud,
y la enfermedad y sus tratamientos)
Antropología del Desarrollo.
(estudia las causas del desarrollo y subdesarrollo entre las naciones
menos desarrolladas)
|
Arqueología.
Ayuda a la Antropología cultural en el estudio de los pueblos
ya desapareci-
dos.
|
Arqueología
Histórica.
(estudia las culturas del pasado reciente, mediante una combinación
de registros escritos y excavaciones arqueológicas)
Arqueología Industrial.
(tipo de arqueología histórica, que se centra en las
industrias e instalaciones)
Arqueología de Compromiso.
(conduce los estudios hacia declaraciones de los impactos en el medio
ambiente y la protección)
|
Antropología
Física.
(Biológica).
Fundamenta los demás campos de la antropología en nuestro
origen animal y nuestra naturaleza biológicamente determinada.
|
Primatología.
(estudio de la vida social y biológica de los monos, grandes
simios y demás primates)
Paleontología Humana.
(búsqueda y estudio de restos fósiles de las especies
humanas primitivas)
Antropología Forense.
(identificación de víctimas de asesinatos y accidentes)
Genética de la Población.
(estudio de las diferencias hereditarias de las poblaciones humanas)
|
Antropología
Lingüística.
Estudia la gran diversidad de lenguas habladas por los humanos.
|
Lingüística
Histórica.
(reconstruye los orígenes de la lengua específica)
Lingüística Descriptiva.
(estudia la gramática y la sintaxis de las lenguas)
Socio lingüística.
(estudia el uso real e las lenguas en la conducta de comunicación
de la vida cotidiana)
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Lic.
Nelson Aboy Domingo
Presidente del Comité Científico Asesor de la Casa de Africa
La Habana - Cuba
naboy@infomed.sld.cu
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