La
carne es responsable de las resistencias a los antibióticos
Cada
vez con más frecuencia los animales reciben tratamientos con
antibióticos, el problema es ¿pueden transmitirse las
resistencias a estos medicamentos a través de nuestro plato?
El debate sobre el aumento de las resistencias a los antibióticos
y su trasferencia desde los animales hasta los seres humanos no es nuevo.
Esta semana, 'The Lancet Infectious Diseases', publica un foro en el
que varios expertos opinan y valoran los riesgos de esta práctica
ganadera.
Aunque
estos fármacos se emplean en animales para el tratamiento de
enfermedades, su uso para el engorde está cada vez más
extendido. Seis expertos consultados por la revista, procedentes de
varias instituciones americanas y europeas, coinciden en afirmar que
esta práctica afecta inevitablemente al aumento de las resistencias
entre los seres humanos, un problema creciente en la práctica
clínica ya que los inutiliza en aquellas situaciones en las que
realmente son necesarios.
Pese
a la coincidencia entre todos ellos, cada uno aporta puntos de vista
y matices diferentes. Donde radica la principal diferencia de criterio
es en el hecho de dirimir si la prohibición del uso de antibióticos
en animales podría tener algún tipo de efecto beneficioso
en el hombre o si, por el contrario, sería una decisión
inútil. La Unión Europea, por ejemplo, prohibió
recientemente el uso de algunas sustancias para acelerar el engorde
de los animales.
Nuevas
técnicas ganaderas sin necesidad de engorde
Randall
S. Singer, de la Universidad de Illinois, no tiene ninguna duda sobre
la transmisión de las resistencias desde el ganado hasta el ser
humano: "existen evidencias que permiten asegurar que determinadas
bacterias y otros patógenos pueden llegar hasta el hombre a través
de la cadena alimenticia". Si estas bacterias poseen genes resistentes
a los antibióticos, no cabe duda que esto puede afectarnos debido
a que las resistencias fluyen constantemente entre los diferentes ecosistemas,
según asegura él. Algo similar opina Roger Finch, uno
de los científicos de la División de Microbiología
y Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Nottingham (en el Reino
Unido). "El uso de antibióticos y el aumento de las resistencias
están claramente conectados, y sería una sorpresa que
su uso en animales no provocase el mismo problema", asegura. Sin
embargo, su opinión no es tan tajante al referirse a la comida
como fuente de contagio para el ser humano ("ni la microbiología
ni la epidemiología aportan evidencias suficientemente robustas
para afirmar algo semejante", indica).
A
juicio de Singer, la clave está en buscar estrategias que minimicen
las posibilidades de que el problema se extienda y llegue hasta el hombre;
sin embargo, considera que la prohibición de dar antibiótico
al ganado no sería más que una medida simplista: "en
primer lugar existen pocas evidencias que demuestren que esto beneficiaría
a los humanos, mientras que tampoco quedan claros los riesgos a los
que sometemos a los animales con esta decisión".
Intereses
económicos
Por
su parte, el danés Herik C. Wegener, miembro de la Organización
Mundial de la Salud se apoya en un informe de esta organización
al afirmar que "el uso de estos medicamentos en animales ciertamente
afecta a las resistencias en humanos". A su juicio existe una barrera
de incomunicación entre el sector ganadero y las autoridades
sanitarias que habría que resolver para acabar con el problema.
Su crítica no se ciñe exclusivamente al uso para engorde:
"Las bacterias no distinguen si el fármaco ha sido empleado
terapéuticamente o para que el animal gane peso", ironiza,
al tiempo que añade que las nuevas prácticas ganaderas
no deberían requerir el uso de antibióticos para el engorde
como se empleaban en la década de los cuarenta.
Pese
a que Marc Lipsitch, de la Universidad de Harvard, comparte estos puntos
de vista introduce ciertas precauciones: "Será difícil
convencer a un escéptico (especialmente si está económicamente
implicado) de que una infección resistente a un antibiótico,
incluso aunque se haya demostrado su transmisión desde un animal,
hubiese resultado bien tratado si la ternera no hubiese sido tratada
a su vez con antibióticos".
Lipsitch
opina que limitar el uso animal de estos fármacos sería
eficaz, pese a que no se consiga así acabar con las resistencias;
por ello recomienda encarecidamente la búsqueda de nuevas técnicas
ganaderas que limiten la transmisión a través de la alimentación
de los patógenos resistentes.
La
mayor parte de las opiniones apunta directamente a la necesidad de prohibir
estos métodos de engorde, restringiendo el uso de antibióticos
a agentes terapéuticos y preventivos exclusivamente. Sin embargo,
tampoco existen dudas sobre la gran cantidad de intereses, económicos
principalmente, que radican detrás de este problema.
Fuente:
http://elmundosalud.elmundo.es/elmundosalud/2003/01/09/medicina/1042140243.html
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