El
duelo y la enfermedad psicosomática en un caso clínico
La
muerte del hermanito como una asfixia. Un joven se presentó a
la consulta psicológica diciendo que tenía problemas con
sus estudios en la "Facu" y relatando que su hermano "Facu"
había muerto al nacer. Desde ese punto de partida se organiza
una historia donde el duelo detenido se enlaza con una psoriasis, con
unas sensaciones de ahogo y con el deseo de una madre.
Simón,
de 18 años, consulta debido a ciertos ahogos nocturnos que se
producen apenas va conciliando el sueño, en cuanto pierde el
control sobre los vaivenes del par ordenado inhalación/exhalación.
Padece además una psoriasis que comenzó a instalarse en
derredor de su cuello, cuando su madre perdió un embarazo muy
avanzado alrededor de ocho años atrás. Por otra parte,
se encuentra atravesando por una crisis de fe en relación con
el credo de su familia, practicado por él desde la más
tierna infancia y que corresponde a la Iglesia Evangélica Bautista.
Práctica que le había permitido, dice, "procesar"
la pérdida de su hermano a la vez que dar ánimo a su madre
deprimida, quien contaba con la vehemencia religiosa de Simón
para creer en la posibilidad de reencuentro con el hijo muerto (obviamente,
en otra vida mejor).Otro de sus problemas actuales parece ser la falta
de concentración que experimenta en sus estudios del CBC de la
carrera de Veterinaria. Problemas que, en un principio, atribuye a su
deficiente descanso nocturno. Lo dice en el siguiente modo coloquial:-Tengo
problemas con la "Facu".Al tiempo, comenta que la muerte de
"Facu" (Facundo era el nombre que su hermanito muerto tenía
asignado) sumió a su madre en la honda depresión de la
que aún no se repone y que ha recrudecido fuertemente ante el
alejamiento de Simón de aquella praxis religiosa que le permitía
a la constelación familiar alimentar alguna esperanza de reencuentro
posible. El motivo de la muerte del hermanito habría sido la
asfixia producida por dos vueltas de cordón umbilical. Accidente
que, dicho sea de paso, también le ocurrió a Simón,
sin que por ello sufriera un desenlace homólogo (¿o tal
vez sí?). El consulta en el momento en que su crisis de fe lo
deja desguarnecido ante la vida. Al mismo tiempo, la madre le reprocha
el hecho de que durante mucho tiempo intentó convencerla de algo
en lo que, hoy por hoy, ni él mismo cree. Podemos a esta altura
extraer algunas hipótesis:- Que la depresión que aquejó
a la madre cuando su hijo tan anhelado nació muerto propició
el abandono de Simón en tanto que hijo. Sí mantenía
el lugar de ser su sostén espiritual (por lo menos hasta la aparición
de la crisis de fe en él).- Que los ahogos nocturnos establecen
puntos de identificación, a la manera de la histeria, con relación
al hermano muerto.- Que, en este caso, la psoriasis se sobreimprime
a la sensación de ahogo, es decir que un síntoma conversivo
-la sensación de ahogo- puede coexistir con un fenómeno
psicosomático -la psoriasis-. Lo cual nos permite impugnar de
plano la teoría de que la psicosomática connotaría
una cuarta estructura.- Que los problemas con la "Facu" son
el testimonio vivo de que el duelo por la muerte del hermano no había
comenzado aún.- Que para Simón no había lugar en
el deseo de su madre mientras no ocupase cualquiera de los dos lugares
que parecía tener asignados: el de hijo muerto (por los ahogos
nocturnos); el de sostén espiritual (mientras duró su
práctica religiosa). Por todo ello, el duelo detenido ha sido
productor de la mimesis entre Simón y su hermano muerto, donde
el collar psoriásico y los ahogos testimoniaban, en su cuerpo
(y en el órgano piel en forma respectiva) sobre la existencia
de tal ligamen. La prueba de realidad había sido torpedeada por
la ideología religiosa de la vida eterna y por la idea del reencuentro
posible con el hijo muerto. El trabajo de duelo nunca había comenzado
por no haberse terminado de aceptar la pérdida en tanto tal.
El intento vano de sustitución del objeto ha sido el advenimiento
de otro hijo (Tomás) un año y medio después de
la muerte de Facundo, cuyo nacimiento en modo alguno resolvió
la depresión de la madre. La apuesta radica, en este momento
del tratamiento, en recolocar emocionalmente al fallecido. No a Facundo,
precisamente, sino a lo que Simón perdió en dicho acontecimiento.
De ello, sólo su transcripción escripturaria podrá,
en el escenario de un análisis, dar debido testimonio. Distintas
teorías sobre la psicosomática suelen coincidir en dos
cuestiones: que en el paciente que carga con una lesión orgánica
existe una sobreadaptación a las demandas del Otro, y que es
posible encontrar en su historia un duelo detenido. Nos ocupamos en
esta oportunidad del segundo punto. Siguiendo los planteos de Jean Allouch,
desbrozaremos los tramos más pregnantes del artículo de
Freud, "Duelo y melancolía". Las ideas-fuerza que el
maestro vienés despliega en dicho trabajo han influido fuertemente
sobre casi todo lo que, en torno al duelo, se escribió después.
De hecho, casi todos los autores (analistas o no) que se ocupan de esta
temática lo citan de un modo casi obligado. El cuestionamiento
más fuerte que habrá de recaer sobre el texto citado involucra
principalmente a tres de sus postulados: "prueba de realidad",
"trabajo de duelo" y "objeto sustitutivo". En cuanto
a la "prueba de realidad" de que el objeto se ha perdido,
sucede que nunca se sabe a ciencia cierta qué es lo perdido por
aquel que sufre una pérdida. En una muerte se pierde una parte
de sí. No una parte de mí (el deudo), ni una parte de
él (el muerto), sino una parte de un sí impersonal, que,
a la vez que no es de ninguno, les concierne a los dos (al deudo y al
muerto). Por esa razón el intento de llevar a cabo la famosa
prueba de realidad implica confrontar (de un modo estructuralmente fallido)
al paciente con la pérdida que suponemos que padeció.
Por otra parte, y rizando el rizo, podemos decir que en el duelo pierdo
la dimensión de objeto que -hasta el momento de la pérdida-
ocupé para el otro (amado y perdido). En cuanto al así
llamado trabajo de duelo, el intento de propiciarlo dio lugar a la creación
de técnicas que apoyan la neocatarsis o, para decirlo de un modo
más general, la descarga en cualquiera de sus formas con tal
de que tal trabajo alcance su normal exutorio (algo del orden del: "¡Si
querés llorar, llorá!", que se hizo tan vedettianamente
famoso hace un tiempo).Forzar asociaciones en el paciente; golpear almohadones;
llevar a cabo representaciones teatralizadas, etc., constituyen modos
disparatadamente creativos de no haber entendido la metapsicología
procesal del duelo en cuestión.En cuanto al "objeto sustitutivo",
en "Duelo y melancolía", Freud sostiene la idea de
la elaboración del duelo pensada en términos de reemplazo
del objeto (amado y perdido). Y, en "Lo perecedero", plantea
que "si los objetos son destruidos o si los perdemos, nuestra capacidad
de amor (libido) queda de nuevo libre. Puede tomar otros objetos como
sustitutos o volver temporariamente al yo".La tesis de Allouch
radica en muy otra cosa: "...el objeto del duelo es insustituible.
El duelo no es cambiar de objeto sino modificar la relación con
el objeto" (Allouch, Jean, Erótica del duelo en el tiempo
de la muerte seca. Edelp). Y, tratándose de prueba de realidad,
si nos acercáramos a un enamorado cuyo amante acaba de morir
para decirle que se trata de alguien sustituible, recibiríamos,
y no sería injusto, una respuesta violenta.
Lic.
Oscar Lamorgia
Supervisor en el equipo de psicosomática del Hospital Pirovano.
Texto extractado del libro Herejías del cuerpo. Actualizaciones
en psicosomática, que obtuvo el primer premio en el concurso
de editorial Letra Viva 2001.
Jorge Garaventa
JorgeGaraventa@Hotmail.com
Página 12 del 14-11-2002