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Pediatras
y psicoanalistas
Aconsejan que los niños no duerman con sus padres
En los EE.UU., esa costumbre subió del 5 al 12% en 7 años
A la hora del lobo y los fantasmas, la cama de los padres es el somnífero
preferido por los chicos. Sin embargo, tanto pediatras como psicoanalistas
coinciden en que, cuando llega la noche, cada niño debe dormir
en el espacio privado e íntimo de su cuna o su cama.
A pesar de ello, la costumbre persiste: dos estudios difundidos hace
pocos días por el National Institute of Child Health and Human
Development (Nichd), de los Estados Unidos, indican que en ese país
la proporción de niños que duermen con sus padres en la
misma cama creció del 5,5 % al 12,8% entre 1993 y 2000. Además,
según una encuesta, el 50% de las madres afirmó
que sus hijos habían compartido la cama con un pariente cercano
por lo menos durante el primer año de vida.
Dice el informe que, desde el punto de vista médico, la costumbre
tiene sus riesgos, entre los que se destacan la sofocación y
el aplastamiento de los pequeños entre la cama y la pared, o
contra el respaldo de la cama.
Además, y a pesar de no ser concluyentes, algunos estudios sobre
el síndrome de muerte súbita del lactante "hallaron
un incremento del peligro por un mayor contacto con el humo del cigarrillo
de las madres fumadoras, o el excesivo abrigo con frazadas pesadas",
dos factores que están siendo investigados como posibles desencadenantes
del síndrome, cuyo origen aún se desconoce.
"No aconsejamos ni la cohabitación ni el colecho - afirmó
a LA NACION el doctor Carlos N. Macri, jefe del Centro Respiratorio
del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. La recomendación
no sólo abarca a todos los que trabajamos en el área de
Neumonología sino a los pediatras en general".
Según el informe norteamericano, la costumbre de permitir que
los niños duerman en el lecho matrimonial se relaciona con cuestiones
culturales, mitos y hasta con factores económicos (falta de camas
para todos los integrantes de la familia).
Pero para los especialistas, hasta un modesto colchón -modesto,
pero propio es mejor que compartir el colchón ajeno.
Según Macri, las razones son múltiples: cuando los padres
fuman, está comprobado que el humo del tabaco en la habitación
es un factor de riesgo de enfermedades respiratorias.
"Por otra parte, muchas veces hemos atendido chicos en grave estado
que habían sido aplastados involuntariamente por sus padres durante
la noche -agrega el neumonólogo-. Y, por último, es relevante
el factor emocional: hay chicos que duermen entre el padre y la madre,
lo que resulta verdaderamente promiscuo."
Un lugar que no se negocia
Las consecuencias sobre el psiquismo infantil pueden ser marcadas, tanto
en el corto como en el largo plazo. Por eso, según afirma la
licenciada Susana Mauer, psicoanalista especialista en niños,
"a la hora de dormir, la cama de los padres no debe ser un espacio
negociable por ningún motivo. Con excepción de las dos
primeras semanas desde el nacimiento, en las que el
bebe suele estar en la misma habitación que sus padres (en el
moisés), no existe justificación para que padres e hijos
compartan la cama".
Negociar el hecho de dormir en el lecho matrimonial implica que ese
sitio ha sido habilitado alguna vez como espacio posible para que los
niños duerman.
¿Por qué los chicos lo piden?
"La puesta en escena que produce el psiquismo infantil durante
la noche tiene generalmente un escenario específico: la cama
-explica la psicoanalista-. En nuestra cultura, es el espacio propio
que cada miembro de la familia tiene asignado en forma personalizada
dentro de la casa. Otros
espacios y mobiliarios son de uso compartido: sillas, platos, inodoro,
nada tiene como la cama un único destinatario. La cama otorga
una identidad dentro de la configuración familiar; legitima para
cada uno un lugar que le es otorgado y mantenido como propio."
Sin embargo, a la hora de ir a dormir, se pone en juego en el niño
el sentimiento de estar excluido de la pareja de sus padres.
"La cuna de los orígenes de la vida extrauterina es en nuestra
cultura el llamado moisés. Aquella cesta con la que el profeta
fue dejado en el Nilo es la primera de las variantes y acepciones que
a lo largo de la vida tiene la cama -agrega-. Desde su cuna el niño
se ve enfrentado a experiencias de separación que no siempre
tolera con complacencia."
Las diferencias entre la cama single y la doble no son menores ni residen
sólo en cuestiones de espacio físico.
Single y doble
"La cama single, aquella debajo de cuyas sábanas se encubren
exploraciones, juegos sexuales infantiles, es un espacio por el que
circulan grandes montos de excitación. La cama doble es la de
la sexualidad de los adultos. Y es esta cama parental la que se convierte
en el somnífero más eficaz a la hora del lobo, capaz de
ahuyentar fantasmas y de dejarle al niño convivir con la
ilusión de que tiene alguna chance, mientras está ahí,
de no quedar excluido", explica Mauer.
La variante joven de la cama de una plaza y media "aloja con un
margen de ambigüedad acorde las oscilaciones y vaivenes de los
adolescentes".
Lo cierto es que, para los niños, "la cama suele ser sede
de fantasías persecutorias. Cada niño hace el de los personajes
que protagonizarán sus historias, pero más allá
de las singularidades, pensamos que las sospechas de que en la cama
pueden esconderse ladrones y violadores la convierten en baluarte de
ocultamiento".
Por otra parte, "la horizontalidad como posición fuerza
a una entrega. El niño disminuye sus recursos frente a la angustia,
queda más indefenso, desvalido frente a sus impulsos, inerme.
Y en el caso específico de la noche queda solo, queda a oscuras.
Tiene que aceptarse ciego, sordo, mudo, hasta trasponer las fronteras
de la noche y despertar".
Si todas estas razones resultan más que suficientes para entender
por qué los niños siempre piden dormir con sus papás,
los especialistas consideran importante dar una mirada a la otra parte
de la historia: lo que quieren y permiten los adultos.
Porque los vence el cansancio de ir y venir de un cuarto a otro tratando
de lograr que los pequeños se queden en sus camas, porque consideran
el dormir juntos o separados como un hecho menor o por otras cuestiones,
lo cierto es que muchas veces son los mayores los que promueven el compartir
el lecho.
Tráfico nocturno
"El tráfico nocturno es agotador. Por eso, a veces el dormir
junto a sus chicos es un somnífero para los padres, más
que para los hijos -dice la licenciada Mauer-. Por ejemplo, es frecuente
que las madres separadas duerman con sus hijos."
Sin embargo, "cualquier alternativa es mejor que el colecho si
los chicos se resisten a irse su cama: acompañarlos, darles la
mano o la oreja, contarles un cuento..."
En cualquier caso, lo importante es que los padres entiendan la importancia
de que cada uno duerma en su lugar.
Identificando el problema, se puede hacer prevención. En el corto
plazo, se evita que la situación y el tironeo se repitan día
tras día. En el largo plazo, aunque en el presente todos se duerman
mejor y más rápido, seguramente aparecerán situaciones
que dificultarán el despegue de los
chicos, y se dejará de lado "el cuidado de la privacidad
necesaria para estructurar un psiquismo con relativo orden".
Si bien las historias que se tejen de noche cobijan múltiples
dispositivos ligados a la angustia desamparo, sexualidad, enfermedad
y muerte, el colecho es, según define Mauer con claridad, "eso
que siempre les gusta a todos pero que no beneficia a ninguno".
Por Valeria Shapira
De la Redacción de LA NACION
Reflexiones para adultos desvelados
Entender el problema
Es imprescindible que los padres entiendan que compartir el lecho con
los chicos no beneficia ni a los grandes ni a los niños.
Resulta fundamental que la cama de los adultos sea un lugar de intimidad.
Esto no significa que, a veces, la cama pueda compartirse para ver una
película o comer helados.
Establecer un horario más o menos fijo en que los niños
tienen que irse a la cama puede ayudar, así como acompañarlos
o leerles cuentos.
Efectos negativos
Bajo ningún concepto los niños deben dormir con sus padres
en la misma cama.
Las consecuencias abarcan peligro de aplastamientos y problemas respiratorios
que causa el humo del tabaco de los padres fumadores.
Entre los factores psicológicos, hay que tener en cuenta que
los chicos se excitan sexualmente, y que dormir con sus papás
limita la intimidad, el crecimiento y la salud psíquica.
Jorge Garaventa
JorgeGaraventa@Hotmail.com
La Nación 22-01-03
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