Stress y Trabajo
De la energía estancada a la energía creativa

"En Africa, se dice que el hombre tiene dos apetitos que satisfacer :
el mayor y el menor. El primero pide cosas, y el dinero para conseguirlas ;
el segundo, espera una respuesta acerca del sentido de la vida"

Charles Handy

"Me duele todo". "Me siento tensionado", "Tengo el cuello duro", "Se me parte la cabeza en dos", "Estoy destruido", "No doy más"...frases que decimos y escuchamos cotidianamente en ámbitos sociales, organizacionales y empresarios. Es cierto, a veces - siguiendo el ritmo y la velocidad que nos impone los contextos actuales - nos encontramos perdidos en una vorágine sin sentido, y nos volvemos insensibles a nuestra propia voz interior.

El Stress - término inglés que significa constricción, esfuerzo extremo y demanda de energía - constituye hoy un síntoma preocupante para el mundo occidental. A nivel laboral, este síntoma no es exclusivo de los altos ejecutivos sino que también afecta a los empleados de todos los niveles y a los profesionales independientes.

Qué nos estresa hoy a nosotros, hombres y mujeres del posmodernismo? Las altas presiones a las que nos vemos sometidos, las exigencias de rendimiento cada vez mayores, la incertidumbre e inquietud que nos provocan los cambios, la velocidad voraz de esos cambios, que no nos da tiempo a reaccionar ni a reflexionar. Sí, se hace necesario ser más competitivo a nivel organizacional y personal, rendir cada vez más con menos: menos tiempo, menos recursos, menos presupuesto... La demanda externa nos supera y nos da la impresión de que no hemos desarrollado recursos como para hacerle frente. La balanza se desbalancea, y el equilibrio se rompe.

Salimos del trabajo, por lo general tarde y cansados, y volvemos a nuestros hogares sin energía, sumergidos en un mundo de preocupaciones, tensiones y preguntas sin responder que suelen afectar los vínculos familiares y conyugales. No podemos estar presentes con nuestros seres queridos porque seguimos pensando en el trabajo, y así suele crearse un círculo vicioso que nos abruma.

Mientras tanto, nuestro cuerpo padece en silencio y resulta ser el fusible de este contexto tensionante. A su manera, a veces grita y nos reclama, como queriendo decir: "Estoy acá". Claro que su manera de llamarnos la atención no suele agradarnos porque nos obliga a hacer un alto y "parar" la acción en el mundo externo. Esto también a veces se convierte en otro factor de stress que se suma: me obligo a ir a trabajar aunque me tendría que quedar en la cama o haciendo reposo, o simplemente esperando a que mi cuerpo se recupere. El círculo vicioso continúa...

Si seguimos la mecanicidad a la que nos lleva el ritmo actual, en piloto automático, el panorama parece nos ser demasiado alentador. Hay momentos en que quisiéramos huir de todas las situaciones que nos provocan ansiedad y tensión, abandonar nuestras obligaciones, y tomarnos una vacaciones, salir mágicamente volando de un atasco de tránsito.... PERO NO PODEMOS. Es necesario continuar conviviendo con la empresa, el trabajo cotidiano, el hogar, la ciudad y las personas que nos rodean, para continuar siendo partícipes del mundo. Bajarse del tren y abandonar nuestro lugar podría traernos consecuencias nefastas.

Nos preguntamos si el modo de vida que estamos teniendo nos satisface... Vivimos plenamente nuestra vida o meramente sobrevivimos a las dificultades? Justamente "Sobrevivir" es el título de un libro del famoso etólogo Vitus Droscher, que habla sobre la infinita variedad de recursos de respuesta que se observan en el mundo animal. Parecería ser que los seres humanos hemos olvidado que tenemos un cuerpo, que ese cuerpo reacciona a los estímulos de un modo determinado, y que es necesario encontrar vías de elaboración de esos estímulos. Hay mecanismos automáticos de respuesta al stress en el mundo animal, que son interesantes modos de adaptarse al medio... Veamos el ejemplo de la liebre.

Cuando la liebre ve a un cazador, ya de lejos se apodera de ella un gran miedo, pero confía en no ser vista, como ocurre con frecuencia. Al mismo tiempo, su corazón empieza a latir más fuerte y la irrigación sanguínea llega a todos sus músculos, que se cargan de energía para que el animal, en caso de ser descubierto, pueda salir corriendo a máxima velocidad.

Como el motor del auto de carreras que se acelera al máximo en punto muerto para que en el momento que debe salir pueda hacerlo con la mayor fuerza y velocidad. Si el motor de este auto se mantuviera en marcha a todo gas y en punto muerto, acabaría por estropearse rápidamente. Con la misma rapidez, los órganos internos de la liebre quedarían afectados por el stress negativo si la liebre no tuviera protección contra ello mediante dos ingeniosas pautas de comportamiento.

La primera de estas modalidades de comportamiento contra el stress negativo: la liebre - como el motor girando a toda velocidad en punto muerto -se queda quieta sin ser descubierta por el cazador o por el zorro hasta el momento que ellos se marchan. Apenas éstos se van, la liebre hace un par de carreras por el campo, como si realmente estuviera siendo perseguida. Esta es una manera de descargar el potencial energético acumulado de un modo natural. Las hormonas de la acción, que con la inactividad del animal atacarían a los órganos internos y acabarían dañándolos, son transformadas por la liebre en energía de movimiento del cuerpo y de esa manera las neutraliza instintivamente de manera óptima.

Nosotros tenemos mucho que aprender de la liebre. Cuando estamos frente a un factor estresante, sentimos un impulso instintivo de movimiento y acción que necesitamos descargar. El hombre primitivo, de cuya naturaleza todavía participamos, padecía stress cuando cazaba, en las luchas tribales, en la lucha por la supervivencia y las rivalidades interpersonales, es decir, situaciones que exigían una acción inmediata. Frente a ellas, los mecanismos naturales eran los de lucha o huída. Así reaccionaba adaptativamente al stress.

Y nosotros, hombres "civilizados" qué hacemos frente al stress? Cuál es nuestro modo de descarga? Cómo canalizamos las emociones negativas que acumulamos durante la jornada? Por lo general, se comprueba que nos vemos obligados a descargar sobre nosotros mismos las emociones negativas. Intentamos evitar el stress negativo - pero igual está - o bien intentamos vencerlo con autocontrol ("No siento nada", "Me tengo que relajar y no pensar en el trabajo", "LO que me pasa no es importante", etc). Puede ser que al principio tengamos algún grado de éxito, pero luego la tensión se vuelve crónica, y las soluciones son parciales o tienen efectos colaterales indeseados. EL ejemplo típico son los dolores de cuello que anteceden a las jaquecas y los movimientos circulares que hacemos con el cuello para no contracturarnos. Una manera sencilla de profundizar y darle espacio a esa tensión sería preguntarme : Qué me pasa? A qué me estoy oponiendo? Qué sostengo/retengo/me aguanto de esa manera? Como podemos ver, estas preguntas apuntan a desenmascarar una intención que se convirtió en tensión porque no pudo manifestarse adecuadamente.

Jung, en una disputa con Freud, sostenía que la única energía negativa era la estancada. Como profesionales de las salud organizacional y personal, nuestra mirada apunta a poner en movimiento la energía estancada porque creemos - y comprobamos a diario - que las emociones negativas retenidas generan estados crónicos emocionales, somatizaciones, síntomas de todo tipo, tensiones y contracturas.

Convencidos de que la gran tarea del futuro consiste en aprender a convivir con el stress de manera que nos estimule y no que nos destruya, proponemos a las empresas ampliar sus recursos de enfrentamiento del stress, facilitando a las personas y a los grupos el encuentro con los propios recursos para realizar la propia "corrida de la liebre" del modo más apropiado, en el contexto apropiado.


Lic. Raúl Noceti y Lic. Marina Sturfeiguen
Directores de Stress Mastering Group

   
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